La hemorragia obstétrica es la segunda causa de muerte materna en México, pero es tratable

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03 Sep. 2020
La hemorragia obstétrica es la segunda causa de muerte materna en México, pero es tratable

La mortalidad materna se ha convertido en un problema de salud pública que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), está asociado con el fallecimiento de 830 mujeres al día; especialmente, en países en vías de desarrollo.

La OMS también reporta que las complicaciones anteriores y posteriores al parto -como la hemorragia obstétrica, las infecciones y la preeclampsia, entre otras- son consecuencia del 75% de las muertes maternas a nivel mundial . Adicionalmente, concluye que más de 1 de cada 5 muertes maternas en América Latina y el Caribe se deben a complicaciones hemorrágicas.

Por su parte, el Informe Semanal de Notificación Inmediata de Muerte Materna de la Secretaría de Salud señala a la hemorragia obstétrica como la segunda causa de muerte materna en el país, justo después de las ocasionadas por COVID-19. La misma fuente indica que en la primera semana de agosto de 2020, las entidades con más defunciones maternas fueron el Estado de México, Jalisco, Chiapas, Chihuahua, la Ciudad de México y Puebla, siendo la hemorragia obstétrica la responsable del 16.7% de éstas.

La hemorragia obstétrica se refiere al sangrado masivo que puede presentarse durante el embarazo o el parto. Una de sus causas más frecuentes es el acretismo placentario; es decir, cuando la placenta o parte de ella se adhiere profundamente en las paredes del útero, impidiendo que se desprenda de manera natural en el alumbramiento, como debe ocurrir en condiciones regulares. Cuando esto sucede sin las condiciones adecuadas para preservar la sangre, se puede producir una hemorragia severa, lo cual pone en riesgo la vida de la paciente.

La atonía uterina también puede ocasionar una hemorragia obstétrica. Dicho fenómeno se produce por una pérdida de tono muscular en el útero que no permite que éste se contraiga para que los vasos sanguíneos que estaban conectados a la placenta se cierren durante el desprendimiento placentario. Si los vasos sanguíneos permanecen abiertos, se puede desencadenar una pérdida de sangre severa.

Entre las situaciones que incrementan las probabilidades de una hemorragia obstétrica destacan las cesáreas -mismas que originan el acretismo placentario-, los embarazos con productos macrosómicos trabajos de parto prolongados y el uso excesivo de oxitocina -antecedentes comunes de la atonía uterina-. No obstante, la hemorragia obstétrica puede presentarse en cualquier mujer. De hecho, una tercera parte de los casos se da en pacientes sin factores de riesgo.

Es muy importante destacar que la hemorragia obstétrica se puede controlar con las terapias adecuadas, incluyendo el uso oportuno de hemostáticos que ayudan a detener el sangrado, manteniendo las funciones fisiológicas de la paciente y permitiendo que los cirujanos tomen medidas adicionales para salvarle la vida.

Específicamente, las matrices hemostáticas compuestas por trombina humana y microgránulos de origen bovino han demostrado su eficiencia, controlando el sangrado desde los primeros dos minutos a partir de su aplicación. Además, su uso ha dado como resultado otros beneficios que impactan de manera positiva en los costos relacionados con el tratamiento de pacientes con hemorragia, como la reducción de días de estancia hospitalaria, una reducción en las trasfusiones sanguíneas, una disminución en las tasas de reintervenciones, entre otros.

Prevenir la muerte materna es una necesidad sanitaria urgente a nivel nacional e internacional. Para ello, es fundamental que los centros de salud cuenten con capacitación para su personal e insumos eficientes. 


Sangre y Hematología