El resultado, de acuerdo a un informe publicado por Ernst & Young, es que podremos ver un sinfín de nuevas colaboraciones entre compañías farmacéuticas y empresas de áreas no tradicionales tales como informática o telecomunicaciones. De hecho, ya han surgido algunos acuerdos.
Novartis, por ejemplo, firmó un acuerdo por valor de 24 millones de dólares el mes pasado con la firma americana Proteus Biomedical para crear ‘píldoras inteligentes’ que puedan transmitir datos desde dentro del cuerpo para monitorear los signos vitales de los pacientes y verificar así que han tomado los medicamentos prescritos.
A su vez, Bayer está logrando conectar su glucómetro para niños diabéticos a consolas Nintendo de videojuegos para estimular/promover el análisis de azúcar en sangre.
Y la división Lifescan de Johnson & Johnson tiene una aplicación de iPhone que permite a los usuarios subir lecturas de sus monitores de glucosa sanguínea conectados a su teléfono Apple.
Las compañías no farmacéuticas están observando con entusiasmo el camino adoptado. Hans Hofstraat, director de asociaciones de atención sanitaria en el grupo de electrónica Philips, asegura que el direccionamiento de fármacos es un área donde las compañías de tecnología pueden ayudar claramente.
De hecho, el grupo holandés está trabajando en sistemas de direccionamiento a través de ultrasonido -ya posee una píldora inteligente o ‘iPill’- que permite dirigir a los medicamentos al punto exacto al cual deben ir en el aparato digestivo. “No somos una compañía farmacéutica, pero nos gustaría interactuar con estas compañías para proporcionar soluciones”, dijo en una conferencia farmacéutica de economistas.
La compañía de teléfonos móviles Orange, una división de France Telecom, tiene ambiciones similares. Su foco está en la comunicación con los pacientes y el manejo de enfermedades crónicas, dijo Michael Reilly, director de Orange Healthcare Reino Unido en la misma reunión.
Las grandes farmacéuticas, tradicionalmente, han confiado en unos pocos fármacos exitosos que les proporcionen dinero. Pero el viejo modelo comercial se está quebrando ya que las compañías se están diversificando en nuevas áreas y están reduciendo los costes y forjando alianzas más flexibles con pequeñas compañías de biotecnología. Este modelo corregido es llamado a menudo ‘Pharma 2.0’.
Pero próximamente, argumenta Ernst & Young, llega ‘Pharma 3.0’, en el cual las compañías farmacéuticas se enfocarán en vender productos complementarios y servicios vinculados a sus medicamentos trabajando con compañías de informática y otros sectores.
Esta ‘nueva era’ plantea algunos retos importantes, entre ellos la brecha cultural que puede existir entre las compañías de tecnología de rápido desarrollo, con rápidos ciclos de innovación, y una industria farmacéutica más pesada, donde traer un nuevo producto al mercado habitualmente necesita 10 años o más.
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