Si lo haces divertido, hay valor

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Noviembre 2019
Si lo haces divertido, hay valor
Por
Tano Zamorano. Socio. athax eventos.

Los mercados, empujados sobre todo por la tecnología, son cada vez más globales; modelos y procesos de negocio cambian muy rápidamente. Cambios que nos llevan a nuevos tiempos, donde las organizaciones han de seguir creciendo.


Es tiempo de liderar aunando la diversidad generacional (baby boomers, generación X y millennials) que reina hoy en los equipos, creando un entorno de trabajo adecuado donde canalizar eficientemente las nuevas estrategias de los productos/ servicios, nuevos modelos de gestión, políticas corporativas, etc., y favorecer la participación de todos los empleados, al mismo tiempo que se saca su talento durmiente. Porque trabajar desmotivado… ¡perjudica seriamente a la salud!

La comunicación y la formación (aprendizaje) siguen siendo piezas claves en las organizaciones, ya no solo para diferenciarse, sino que son vehículos perfectos para dar respuesta y solución a las necesidades del momento. Las empresas aumentan su competitividad gracias a la formación, porque los empleados tienen un mayor sentimiento de pertinencia y compromiso; engagement.

A las personas la rutina generalmente es algo que no nos gusta; pero paradójicamente, si miramos nuestro día a día, estamos acomodados en la “zona de confort”, en el fondo, odiamos la incertidumbre, queremos comodidad, nada de riesgos y cambios. Ante un cambio, aparecen los miedos, y solo nos atrevemos a hacer algo nuevo cuando hemos visto que a otros les ha funcionado. Así pues, el hábito se vuelve inercia, y la inercia anquilosamiento… ¡nos vemos atrapados en costumbres!

Pero cuando hay realmente crecimiento, es cuando arriesgamos y salimos de nuestra zona de confort … ¡rompemos hábitos!

¿Cómo podemos romper el statu quo en el ámbito de la formación?

Lejos de los que podamos pensar, no es necesario complicarnos la vida recurriendo a iniciativas grandiosas, descomunales o las más difíciles. Es más, este enfoque suele ser engorroso, costoso y consume demasiado tiempo. Generalmente, es en la sencillez donde se destaca, donde encontramos la mayor utilidad en las cosas.

Al hecho incuestionable de que la vida es un constante cambio, se une la característica intrínseca de que al ser humano ¡nos gusta jugar!, lo llevamos en nuestro ADN, lo hacemos a lo largo de toda nuestra vida; desde que nacemos, hasta el final.

Entonces… ¿Por qué no aprender y trabajar jugando?; sacar a los empleados de su escenario habitual de trabajo y ¡volver a ser como niños!, porque si de pequeños aprendíamos jugando, encima nos divertía, y no nos cansábamos … ¿por qué no convertir en un juego lo que antes no lo era? cómo, por ejemplo, la formación.

Solo cuando cambiamos la rutina, somos capaces de abrir las puertas a nuevas conductas y patrones emocionales constructivos; ¡Sin emoción no hay aprendizaje!

La gamificación se caracteriza por tener un idioma que es internacional y que todo el mundo entiende. Es una herramienta muy poderosa y útil para influir y motivar a los empleados porque se recurre a las emociones. Y, además, se puede aplicar en cualquier momento pues no se necesita un estudio previo.

El juego permite crear un entorno desenfadado, donde nuestra atención aumenta y asimilamos mejor (de forma inconsciente) los conocimientos, conceptos y habilidades. Unas reglas de juego, que todos aceptan por igual, invitan aumentar el nivel de atención e implicación. En los juegos todos los participantes son protagonistas, se asume un rol en el que nos sentimos involucrados y se acaba con la pasividad de los empleados.

¡Nada estimula más a nuestro cerebro que jugar!

Estamos a punto de comenzar una nueva reunión de ciclo, entramos en la sala y… ¡se rompe la pauta!, vivimos nuestro primer impacto; el habitual escenario de formación ahora es diferente; sobre el suelo, nos recibe un gran tablero de colores con el logo de nuestro producto.

A medida que vamos entrando, nos indican que nos situemos alrededor del tablero, bajo la atenta mirada de unas fichas de colores ¡enormes!, y de la pieza reina de todos los juegos… un dado ¡gigante!, que se encargara de regir el destino, a lo largo de toda la dinámica, de cada uno de los equipos en los que nos hemos repartido.

¡El factor sorpresa nos invade!, miramos atónitos las diferentes casillas que componen el tablero, y que en breve descubriremos, que misiones y pruebas vinculadas al negocio van asociados a cada una de ellas, con la consiguiente toma de decisiones por nuestra parte para superarlas.

La actividad viene marcada por unas reglas de juego, que instintiva y voluntariamente nos comprometemos a cumplir, y que, a su vez, suponen el único modelo de comunicación corporativo durante el tiempo que estemos jugando.

¡Hemos empezado!, jugar requiere concentración, implicación y autocrítica; ¡hace pensar!, se aprende haciendo y reflexionado sobre la experiencia vivida. Se nos establece un tiempo límite para completar las acciones. Esta urgencia nos mantiene siempre a todos a la expectativa, activos e involucrados; haciendo brotar el genio que todos llevamos dentro. ¡La novedad rompe rutinas!

La gamificación ha creado un entorno libre de riesgo, que nos impulsa a la participación, a ser flexibles, negociar, comunicar.

¿Qué está pasando?... aceptamos mejor el fracaso y nuestros errores, es más, incluso lo esperamos. Jugar, crea una cultura de riesgo que nos impulsa a experimentar, descubrir soluciones y alternativas más creativas. Parece como si viéramos los problemas de un modo ¡diferente!

En este ambiente, no tenemos tanto miedo a equivocarnos (“Errare humanum est”), y no podemos olvidar, que de los errores es cuando más aprendemos. Afrontamos y conseguimos realizar mejor los role play, que tan tediosos nos resultan, y encima, arriesgando más de cómo lo haríamos si estuviéramos en los contextos tradicionales de formación, ¡salimos de la timidez!

Bajo un ambiente de debate, el resultado final, no es más que la consecuencia de cada una de las tomas de decisiones, donde ha tenido cabida nuestras dos caras; la racional y la emocional. Vivimos en todo momento nuestra progresión; porque el buen hacer y desempeño ha tenido su recompensa, que se reflejaba en el ¡ranking!, y que saca lo mejor de nosotros porque todos queremos ¡ganar!

La diversión ha sido nuestro motor competitivo y de motivación por participar, por aprender y por querer ganar, y en todo momento, con una menor sensación de esfuerzo que con otros formatos de formación (aprendizaje).

Hemos experimentado un entorno más placentero, que ha facilitado que tengamos una actitud positiva, de compromiso y mayor confianza entre compañeros. La gamificación ha potenciado nuestro sentido del humor, y esto siempre favorece a la relación entre las personas. ¡El juego une!

Durante la dinámica (¡el tiempo ha pasado volando!) he podido conocer mejor a mis compañeros, porque cuando jugamos no hay tapujos; nos mostramos tal y como somos, ¡sale todo nuestro ser!, pero esto es algo que ya Platón conocía muy bien hace muchos, muchos años…

“Déjame media hora de juego con una persona y los conoceré mejor que en un año de conversaciones”

Igualmente, la tecnología ha sido una ¡¡gran aliada!!, no tanto por el hecho de impactar en la audiencia, sino por facilitar la conectividad (unión) y compromiso (engagement) de los participantes. Y por supuesto, el factor ¡sorpresa! que nunca puede faltar en un juego

El juego es una herramienta para tener muy en cuenta en la formación de los empleados porque estimula el cerebro y nos engancha. Es accesible, divertido y ameno, promueve la participación y socializa, y, además, de manera rápida y sencilla, casi sin esfuerzo y sin apenas darnos cuenta, adquirimos conocimientos y habilidades.

A través de un formato diferente, empático y útil, como es la gamificación, se pueden cubrir al mismo tiempo diferentes áreas.

*  Conocimientos (p.ej. de producto).
* Habilidades (p. ej. de venta).
* Actitud.
* Equipos/personas.

Cuando una compañía se implica en el desarrollo y motivación de sus empleados, estos tienen mayor sentimiento de pertinencia, de compromiso, mayor nivel de satisfacción personal, convirtiéndose en los mejores embajadores de la organización; ¡Generar un efecto positivo en los empleados hace a las empresas diferentes!

La gamificación supone una de las herramientas más poderosas para llegar a la gente, porque convertimos el camino hacia el conocimiento en una aventura repleta de desafíos y retos. Al mismo tiempo, cuando jugamos, recordamos nuestra infancia y todo fluye mucho mejor (¡el poder de la nostalgia!), los empleados se sienten protagonistas, héroes de un proyecto, de un equipo, de una compañía … engagement.

Gamificar la formación en las organizaciones permite de entrada, diferenciarnos a la hora de dar respuesta y solución a las necesidades del momento, así como, resolver problemas de la compañía de forma divertida, participativa y con la belleza de la sencillez.

Bajo la apariencia de la diversión y entretenimiento de los juegos (¡aprender y divertirse no está reñido!), se esconde un objetivo de aprendizaje compartido; donde todos ganan. Apostar por las emociones, es ¡una apuesta segura!

Y después de haber llegado hasta aquí….

¿Estas dejando pasar de largo formatos diferentes que te permitan alcanzar tus objetivos de formación?

Recuerda … si lo haces divertido, hay valor.