VIH, COVID y Freddie Mercury: porque ser científico es cuestión de actitud

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Enero 2021
VIH, COVID y Freddie Mercury: porque ser científico es cuestión de actitud
Por
Laia Cubells, MSc, PhD. Dirección Médica. Akcea Therapeutics, Spain.

Sabemos que aún no hemos encontrado vacuna para el virus de la VIH, ni cura para la diabetes, ni para el cáncer, ni para las enfermedades cardiovasculares. Por no decir que no tenemos prácticamente ni idea de las enfermedades raras. Pero la mejor vacuna, la que nos dará confianza y valor, una pan-vacuna le podríamos llamar, es una sanidad fuerte. Científica. Digitalizada. Contemporánea. Humana. Con una alta colaboración público-privada. Una sanidad de progreso, no de retroceso. Edificios sanos, con ventanas, y no sótanos.


Recuerdo con nostalgia casi infantil la llegada a mi consciencia de la epidemia del virus VIH/sida. Recuerdo una Sinead O’Connor rompiendo una foto del Papa ante las cámaras (hoy le llamarían negacionista, tal vez), y recuerdo especialmente un Freddie Mercury dándolo todo en un concierto benéfico, en Wembley, el Live Aid de 1985, como si no hubiera mañana. Como si no hubiera mañana, repito. Todo actitud. Todos silbamos alguna vez aquella reivindicación del Boss de porqué había que seguir paseando por las calles de Philadelphia, y amando, con miedo, pero sin límites.

Teníamos por aquél entonces en España un tremendo desconocimiento del virus de la VIH, de cómo era, de porqué había llegado, de cómo se contagiaba y de cómo combatirlo, en aquellos maravillosos años 80, de chándal de táctel y hombreras; pero nadie consiguió hacernos esperar de forma histérica una vacuna, y aun sin conocer bien las vías de contagio ni el pronóstico ni el abasto, conseguimos no tener tantísimo miedo. Y como le pusieron algo de cine…nos interesó.

También había entonces políticos desinformados y poco científicos, luciendo aquel lazo rojo en la tele… ¿os acordáis? Lo sé, aquel virus no voló como este; y no nos encerraron (al menos a todos, no).

A lo mejor esto dejó a las mentes reaccionar, y aun los contrarios, aceptar, que no decidir, que con aquel virus íbamos a convivir. Vivir con. Con, también, métodos de barrera y tests rápidos, baratos y voluntarios (¡!). Responsabilizando a cada uno de la gestión e intimidad de sus contactos. Y, especialmente: con una fuerte apuesta por la investigación a nivel mundial, que permitió ir despejando las incógnitas de la ecuación de aquel virus raro. Seguimos en ello.

Seguro que participasteis en campañas, hicisteis donaciones, leísteis sobre retrovirus. No consigo entender por qué ahora el horizonte es que el virus desaparezca de la faz de la Tierra. Qué barbaridad biológica. Hay que entenderlo, y controlarlo. Eso es todo. ¿Dónde queda y qué papel juega aquella inspiración del Live Aid ahora? ¿Por qué nos ha servido el gregario “todo-irá-bien”? ¿Por qué disfrazamos de optimismo (irreal) el declararnos víctimas, instalarnos en la queja, y no hacer nada al respecto? Y no hablo de acciones solo de responsabilidad política, también las tenemos cada uno.

Acciones individuales en un país que ha vivido siempre de espaldas a los científicos, sin respaldar, y sin invertir jamás dignamente en investigación ni en cultura científica. No hemos cuidado nuestra Sanidad. Aquí, en España, nunca nos hemos (casi nadie) preocupado por el progreso de la ciencia. No lo han hecho los políticos; tampoco nosotros. Sabemos que aún no hemos encontrado vacuna para el virus de la VIH, ni cura para la diabetes, ni para el cáncer, ni para las enfermedades cardiovasculares.

Por no decir que no tenemos prácticamente ni idea de las enfermedades raras. Pero la mejor vacuna, la que nos dará confianza y valor, una pan-vacuna le podríamos llamar, es una sanidad fuerte. Científica. Digitalizada. Contemporánea. Humana. Con una alta colaboración público-privada. Una sanidad de progreso, no de retroceso. Edificios sanos, con ventanas, y no sótanos. Con termocicladores para hacer PCRs (que por increíble que parezca casi no teníamos). Responsabilidad individual, y uso racional.

No va de racionar…sí va de pensar. Avanzar. Apoyemos la investigación. Apostemos por la innovación, todos y cada uno, en nuestras acciones. En casa, en la vida, y en nuestro puesto de trabajo. Tele-consulta, porque no. Una buena atención virtual puede ser presencial, claro que sí. La “presencia” que ejercemos, no tiene que ver con la distancia física. Ya íbamos mal amigos…ya íbamos tarde. Pero si casi no tenemos ni historia clínica electrónica digna. Acción: démosle la vuelta; y hagamos que la pandemia y su impacto puedan ser un catalizador- brillante invento bioquímico- para hacernos mejorar un declive científico-sanitario que viene de muy atrás.

Si la inmunidad al virus dura solo tres meses, por ejemplo, o si dura dos años, el desafío es diferente. Pero sigue siendo algo complejo y no conocido. Igual que cuando no sabíamos casi nada del VIH (y si me voy más atrás de la diabetes o del cáncer), y no donábamos sangre por si acaso, ni besos, ni abrazos. Y ay cuantos hubiésemos abrazado a Freddie Mercury de haber podido (sin riesgo a contagio, por cierto). Cuando sospechó que podía tener el SIDA, Freddie Mercury se testó. Llamó a un virólogo.

Habló con los mejores especialistas. Entendió. Donó millones a la investigación. Y luego, subió al escenario. Esa actitud. No de vámonos de bares, digo la de querer saber…en todos los ámbitos. Eso es ser científico. Una actitud. Un don, el de la curiosidad.

El de dudar y preguntar.

Doy las gracias cada mañana a Jennifer A. Doudna, por enseñarnos a editar el ADN con el CRISPR y dudar de la evolución. Doy gracias a Darwin, y a Watson y Crick por demostrar que igual no todo era creación divina. Y a Stephen Hawking, que puso un poco de fondo negro en la luz del universo (sin verlo). O a Feynman, que encontró universos paralelos. También estaré agradecida eternamente a Harvey J. Alter, Michael Houghton y Charles M. Rice, por dibujarnos el virus de la Hepatitis C. Millones de gracias. Y a Marie Curie, porqué el radio brilla (decían los libros que no) y ella lo vio. A todos, y a tantos que cabrían en esta lista infinita, gracias por dudar, por ser rebeldes, por no creeros lo que hay sin pensar en ello un poco.

Hay que añadir, soy consciente, un gracias enorme a todos los que han luchado y luchan durante esta pandemia y el resto de las pandemias de la historia desde primera línea de fuego. Incluyo sanitarios, incluyo farmacéuticos, incluyo bioestadísticos computacionales, incluyo ensayos clínicos experimentales, incluyo start-uperos que diseñan vacunas sin parar. Y a la gran industria farmacéutica, y lo digo con un gran orgullo y sin pudor. Suerte que la vacuna no depende de la inversión pública, ¿no? Incluyo también a todos los que han compartido conmigo una visión crítica en la interpretación de las cifras, mirando los números bien, pensando frente a qué compararlos. A todos ellos, gracias por hacer la guerra. Y a todos los de antes, descubridores, científicos, pensadores: gracias por darnos armas para luchar.  Porqué lo cortés no ha de quitar lo valiente.

Entonces… ¿basar decisiones en el desconocimiento es inconsciente? no; quizá solo sea prudente. Pero no es prudente, ni consciente, desinvertir en investigación, olvidarnos de ello, o recortar en sanidad de forma crónica, bajar año tras año el gasto farmacéutico mirando con lupa cada euro; la inversión, y no el gasto, es lo que algún día medirá el progreso de las naciones; no dotar de recursos extras a hospitales para poder hacer siguiendo frente al resto de enfermedades, que siguen ahí, es un grave error miope. Y podemos obviarlas en situación de emergencia, pero ya no más.

En la próxima década, 24 millones de personas en el mundo morirán por alguna enfermedad cardiovascular. Hoy ya hay 36.9 millones de casos infectados (registrados) por el VIH. No tenemos cifras de casos de cáncer en el mundo en este 2020, pero sí tenemos el dato de 2018, bien revisado y fiable: 18 millones de casos; y 9,6 millones murieron de cáncer el año pasado. 300 millones de personas en el mundo (sí sí; 300) conviven con alguna de las enfermedades raras que conocemos. Y ahora tenemos (además) 40 millones de casos infectados por COVID, 1 millón de muertes. ¿Qué hacemos?

Dicen, que no hay un único futuro hasta que sucede, y cualquier esfuerzo por visualizarlo debe incluir toda una gama de futuros posibles. Dicen que la libertad puede ser un artefacto. Yo añado, el sometimiento, también.

He leído sobre la paradoja de Stockdale durante la guerra del Vietnam. Quizá conocéis la historia. James Stockdale, vicealmirante de la marina norteamericana, pasó ocho años como prisionero, ocho años terribles, de guerra. Sobrevivió, y contó su historia en un libro. Cuenta que quienes no lo consiguieron, fueron los optimistas. Los que pensaban “esto en Navidad ya habrá pasado, resistamos un poco más, en unos meses todo volverá a ser como antes”. Los que negaban la realidad y eran incapaces de afrontarla. Pero hubo quién abrió negocios, tuvo ideas, inició proyectos. Esos lo lograron. No se puede exigir optimismo. Hay que exigirse fuerza y esperanza en nuestra capacidad de comprender. Sin miedo.

A estas alturas espero haberos retado al menos, a no hacer nada por inercia. Acción siempre mejor que queja. Todos podemos hacer algo. Cualquier gesto pequeño cuenta. Sapere aude…piensa por ti mismo. Porque todo lo que suene a obligación, entonces ya no es ciencia; es religión.

Para que conste en acta aclaro, que no hablo de ser Trump y desafiar, si no de ser Freddie Mercury, y luchar. Aprender a vivir con. Movilizarse. Organizar, donar, investigar, conocer, colaborar. Que no es lo mismo que simplemente resistir o sobrevivir.

Seamos científicos. Todos. Como la elegancia, al final, es cuestión de actitud.

Richard Feynman, siempre brillante, decía: “Es responsabilidad nuestra como científicos, sabedores del gran progreso que emana de una satisfactoria filosofía de la ignorancia, del gran progreso que es el fruto de la libertad de pensamiento, proclamar el valor de esta libertad; enseñar que la duda no ha de ser temida, sino bienvenida y discutida, y exigir esta libertad como deber hacia todas las generaciones venideras”.